Durante los doce meses previos a su nacimiento y durante los doce posteriores, no nació ningún niño mas en las estepas de Mongolia…esa era la señal. El niño, que había sido anunciado por chamanes de diferentes clanes, vino al mundo una noche de otoño. El padre y sus hermanos, aconsejados por los ancianos, acompañaron al parto tocando rítmicamente sus graves tambores... Dicen que esa noche, una suave fragancia perfumó todas las praderas.
Desde que nació una manada de lobos acompañó siempre a su yurta. A las pocas semanas de su nacimiento ya podía andar y sabía los nombres de casi todas las estrellas que los nómadas leían para sus marchas. Sus padres se asustaron, no era un niño normal. En la taba de un yak, escribió sus primeras letras: “Aquí otra vez...”. La taba fue guardada como reliquia y durante generaciones tubo poderes curativos.
Ya en su temprana infancia regalaba a los suyos, prodigios de todas clases...hacia brotar la hierba de colores, se encaramaba encima de cucarachas que lo transportaban sin el menor esfuerzo, hacia crecer nubes en el cielo.
Le gustaba jugar y corría por las praderas siguiendo mariposas. La primera vez que tardó en regresar a la tienda, su padre lo encontró rodeado de algunos nómadas que tocaban su pequeña pelliza de cuero o su gorro de piel y se iban. Entre todos ellos había corrido la voz de sus especiales poderes…Era un mago y ya lo veneraban como un hombre sagrado.
Las escapadas a las praderas se fueron repitiendo...En cada una de ellas, la cantidad de personas que quería tocar sus ropas aumentaba...De todas las estepas llegaron, pues decían que tocarlo sanaba.
Sus padres al ver que se enfrentaban a un destino poderoso le dejaron hacer…..Y no pasó mucho tiempo en el que sus padres pasaron a ser sus hijos...
“Acercaos a mi, hermanos…No me hagáis daño...no me crucifiquéis en las astas de un reno. He venido a daros la luz. No vengo a juzgaros como dijeron….”
Sus palabras tuvieron eco por los cuatro rincones de sus tierras…”¡Ha llegado un Maitreya!”-gritaron a los 4 vientos…“¡Ha llegado un Padre Sol!”
“…..quiero gobernar en cada brizna de hierba, perfumar todos los vientos, hermanaros con las rocas y el agua...enseñaros el Camino…”
Desde entonces pasó a ser el hombre santo más grande que tuvieron y a el acudían los pastores de todas las tribus a pedirle consejo y bendición para los suyos. Nunca dió ningún sermón, él los sentaba a su lado y les daba un cuenco de leche...cuando acababan de tomarlo, encontraban sus respuestas grabadas en el fondo de la escudilla. Solía coger huevos de ganso por las estepas, sus manos dejaban grabadas palabras sabias en ellos.
A la edad de 33 años pronunció el discurso-siempre recordado- que resumía sus enseñanzas y abría a todos la felicidad. Este fue el sermón: “¡Seguidme!”
Y se desprendió de los hombres y se lanzó a las estepas a predicar a los escarabajos, a las setas, a los seres herbáceos, a las ardillas…El que quiso lo podía seguir...pero muy pocos lo hicieron. La profundidad de aquel sermón, paralizo a todos...que lo vieron partir sin dejar sombra al caminar.
El caminaba y cuando se sentaba en una piedra a descansar hablaba con los animalillos que lo seguían...y ellos lo escuchaban. Y así formó su iglesia de gusanos, libélulas, flores de rododendro, nutrias…” Qué bien se respira aquí…Qué tranquilidad bajo este sol amable…
Dicen que nunca se paró, ni día ni noche, ni en invierno ni en verano…. él caminaba y caminaba...y los animalillos que lo seguían parecían no sentir nunca ni hambre, ni frío, ni fatiga…Y en cada parada les hablaba...a cada uno en sus sonidos y todos a la vez...Algunos hombres se fueron uniendo a la comitiva y a él le daba mucha alegría. Los abrazaba y besaba con calor. Sabia que ellos continuarían su enseñaza….Y a cada paso que daban se sentían más felices, más hermanos. Así se iba formando una fraternidad de hombres y demás seres vivos y todos aprendían el lenguaje de todos y conversaban búhos nivales con zorros, hombres con el polen de árboles lejanos...
Las llanuras eran muy grandes y se pueden andar muchos kilómetros…Eso era bueno...
A los 60 años de haber empezado a caminar murió...Pero no lo hizo de repente, le costó aún muchos kilómetros. Su cuerpo iba desapareciendo poco a poco, absorbido por la tierra.
Él seguía caminando y sonriendo al tiempo...En el lugar donde desapareció definitivamente, brotó una mancha de césped, suave como el lomo de un armiño... Allí venían renos, osos, gansos y nómadas a rozarse la piel en ella. Roce mágico que les hacia mejores. Esa mancha aún existe… Así murió el Cristo de las Llanuras.
Y la comparsa, siguió guiada por otro hombre del camino, que tras muchos años de extender la palabra de dios, desaparecía lentamente masticado por los caminos. Y su puesto era tomado por otro. Y así, seguir, seguir, seguir….
a si si si si mas reggaetooooooooooooooooooooon
madame mas fotos porfavor!!!!!!! y que sea de llanuras dçno de esas pelotudeses de cualquier cosa.